Reforma Integral Un dúplex renovado en Gràcia: luz, microcemento y dos terrazas
DATOS DEL PROYECTO
TAREAS REALIZADAS
ANTES
DESPUES
MEMORIA DE LA OBRA
Cuando entramos por primera vez en esta vivienda del Raval de Barcelona encontramos un piso que necesitaba algo más que una renovación estética.
La distribución existente estaba muy compartimentada, las instalaciones habían quedado obsoletas y diferentes reformas realizadas a lo largo de los años habían ido ocultando parte de la construcción original del edificio.
El objetivo era realizar una reforma integral de la vivienda que permitiera adaptar sus aproximadamente 65 m² a una forma de habitar más actual: espacios mejor aprovechados, una zona de día más abierta, nuevas instalaciones y una relación mucho más natural entre cocina y salón.
Pero desde el principio planteamos también otro objetivo: no eliminar sistemáticamente todo aquello que pertenecía al piso antiguo. Queríamos descubrir qué elementos podían recuperarse y hacerlos convivir con una arquitectura nueva, más limpia y funcional.
La obra terminó demostrando hasta qué punto esa primera decisión era importante. Porque al comenzar las demoliciones aparecieron situaciones que ningún plano del estado inicial permitía anticipar.
La reforma comenzó retirando particiones, revestimientos, instalaciones y falsos techos existentes.
En una vivienda antigua, la demolición no es solamente el momento en el que se elimina aquello que ya no sirve. También es una fase de investigación.
Cada pared abierta permite entender cómo se habían ejecutado las instalaciones anteriores. Cada pavimento retirado revela el estado real de su soporte. Y cada falso techo desmontado permite comprobar cómo está construido realmente el edificio.
En este piso, uno de los principales descubrimientos apareció precisamente sobre nuestras cabezas.
Gran parte de la vivienda estaba cubierta por un antiguo falso techo de cañizo, un sistema constructivo muy habitual en edificios antiguos de Barcelona.
Desde el interior generaba una superficie aparentemente horizontal y uniforme, pero al retirarlo descubrimos una realidad completamente diferente: el forjado superior presentaba una inclinación muy considerable.
El falso techo había absorbido durante décadas esa diferencia, haciendo que desde la vivienda terminada fuera prácticamente imposible percibirla. Este descubrimiento modificó inmediatamente la forma de abordar la obra.
Hubo que revisar alturas, encuentros de los nuevos tabiques, recorridos de instalaciones y soluciones de falso techo teniendo ya delante la geometría real del edificio.
Es una situación habitual en la reforma de pisos antiguos en Barcelona: existe un proyecto previo, pero determinadas decisiones solo pueden cerrarse cuando la vivienda empieza a desmontarse.
La retirada del cañizo dejó al descubierto otra particularidad de la vivienda. Algunos de los antiguos tabiques terminaban antes de alcanzar el forjado superior. Mientras existía el falso techo parecían paredes completamente convencionales, solo al desmontarlo pudimos entender cómo habían sido ejecutados realmente.
Este tipo de descubrimientos son especialmente frecuentes en edificios que han sufrido diferentes reformas a lo largo de décadas. Una misma vivienda puede contener soluciones constructivas de diferentes épocas, instalaciones posteriormente modificadas y particiones añadidas mucho después de la construcción original.
Antes de comenzar la nueva distribución era necesario comprender todas esas relaciones.
Una vez finalizadas las principales demoliciones comenzó el replanteo de la nueva distribución. Este es uno de los momentos más importantes dentro de cualquier reforma integral de vivienda.
Lo que hasta entonces eran líneas dibujadas en un plano empieza a aparecer a escala real sobre el suelo.
Se comprueban las dimensiones de las habitaciones, los pasos, la posición de las puertas, la cocina, el baño y todos aquellos puntos donde deberán coincidir arquitectura e instalaciones.
En una vivienda de superficie contenida, unos pocos centímetros pueden cambiar considerablemente la comodidad de un espacio. Por eso, el replanteo se realizó después de conocer la geometría real que había quedado oculta tras falsos techos y antiguas particiones.
La nueva distribución permitió reducir espacios de circulación innecesarios y mejorar especialmente la relación entre la cocina y el salón.
Con la distribución definida comenzó la construcción de los nuevos tabiques y falsos techos y, simultáneamente, la ejecución de las instalaciones.
Electricidad, fontanería, saneamiento y climatización tuvieron que adaptarse completamente a la nueva vivienda.
Durante esta fase los cerramientos permanecieron parcialmente abiertos para poder coordinar el paso de tubos, cables y conductos antes de cerrarlos definitivamente. Aunque muchas de estas instalaciones desaparecerían después detrás de paredes y techos, esta fase es una de las que más condiciona el funcionamiento futuro de la vivienda. Y precisamente durante los trabajos de saneamiento apareció uno de los principales problemas de toda la reforma.
La nueva distribución del baño necesitaba conectarse correctamente con el sistema de saneamiento existente del edificio. Durante los trabajos localizamos inicialmente un bajante que, por su posición, parecía poder utilizarse para resolver las nuevas evacuaciones.
Después de estudiarla, comprobamos que se trataba de un bajante exclusivamente de aguas pluviales. No podía utilizarse para evacuar las aguas residuales del baño.
Fue necesario seguir investigando hasta encontrar la bajante adecuada y comprobar qué recorrido podía realizar realmente la nueva instalación. La posición de esta conexión obligó a replantear parte de la distribución prevista para el baño.
Sobre un plano es fácil desplazar un inodoro o modificar una ducha. En obra, sin embargo, las evacuaciones dependen de diámetros, pendientes, distancias y espesores disponibles.
En lugar de forzar una solución técnicamente complicada, adaptamos el diseño a la infraestructura real del edificio.
El resultado final parece sencillo, pero detrás de esa distribución existe una de las decisiones técnicas más importantes de toda la reforma.
Después de resolver las instalaciones principales, se pudieron cerrar tabiques y falsos techos. La obra comenzó entonces a cambiar de aspecto, las habitaciones volvieron a ser reconocibles, aparecieron los nuevos pasos y la relación entre los distintos espacios empezó a parecerse cada vez más al proyecto final.
Es también el momento en el que una reforma entra en una fase menos espectacular visualmente pero fundamental para conseguir buenos acabados. Porque antes de pintar o colocar un pavimento es necesario preparar correctamente todo aquello que quedará debajo.
Los edificios antiguos rara vez presentan superficies perfectamente regulares. Después de retirar los antiguos pavimentos aparecieron diferencias de nivel y encuentros que debían corregirse antes de colocar los nuevos acabados.
Se realizaron trabajos de nivelación, regularización y preparación de soportes, incluyendo pequeñas correcciones mediante cuñas allí donde era necesario absorber diferencias existentes. Son trabajos que prácticamente desaparecen cuando la vivienda está terminada, pero un pavimento correctamente colocado comienza mucho antes de poner la primera pieza.
La calidad del resultado depende directamente de la preparación de todo aquello que permanece oculto debajo.
Una reforma integral no significa necesariamente sustituir todo lo existente. Durante los trabajos de decapado de las vigas y carpinterías de madera apareció uno de los elementos que acabaría definiendo el carácter de la vivienda.
Inicialmente se había considerado pintar parte de estas piezas, pero al retirar las sucesivas capas existentes apareció una madera cuya veta y textura merecía la pena conservar. La decisión cambió. En lugar de volver a cubrirla, se terminó recuperando la madera natural y aplicando un acabado de protección que permitiera mantenerla visible.
Esta decisión resume bastante bien el criterio general de la reforma. No pretendíamos que los elementos originales pareciesen nuevos, queríamos recuperar aquello que todavía tenía valor y permitir que conviviera con los nuevos acabados.
La misma filosofía se aplicó al ladrillo visto existente. Se realizaron trabajos de limpieza y restauración para que pudiera integrarse nuevamente en la vivienda terminada.
La combinación de ladrillo, madera natural y nuevos acabados genera ahora una lectura mucho más rica del piso. La intervención contemporánea puede reconocerse claramente, pero no borra completamente la historia del inmueble.
Y precisamente ese equilibrio entre rehabilitación y reforma terminó siendo una de las características más importantes del proyecto.
Uno de los cambios más importantes en la distribución fue la apertura de la cocina hacia el salón. La antigua organización compartimentaba mucho más las diferentes funciones.
Con la nueva distribución, cocina, comedor y salón comparten una misma zona de día. Esta decisión permitió aumentar las perspectivas interiores, aprovechar mejor la entrada de luz y eliminar espacios de circulación que antes consumían metros cuadrados sin aportar demasiado uso.
En un piso de aproximadamente 65 m², este tipo de decisiones cambian completamente la percepción del espacio. La cocina deja de funcionar como una estancia aislada para integrarse en la arquitectura del salón.
La reforma también permitió mejorar considerablemente las prestaciones de la vivienda.
Se sustituyeron las carpinterías exteriores necesarias por nuevas soluciones de aluminio con rotura de puente térmico, mejorando el aislamiento y el comportamiento energético del piso. La renovación de instalaciones y la incorporación de climatización completaron esta mejora del confort interior.
En una reforma integral de un piso antiguo en Barcelona, intervenir sobre distribución y acabados es solamente una parte del trabajo. Actualizar las prestaciones de la vivienda resulta igualmente importante para adaptar un edificio antiguo a las necesidades actuales.
Los acabados de la vivienda se plantearon buscando que la reforma tuviera personalidad propia sin perder la relación con los elementos originales del piso. La madera natural recuperada de carpinterías y otros elementos existentes convive con materiales nuevos de carácter muy marcado.
En el baño, las piezas cerámicas en tonos terracota se colocaron combinando diferentes direcciones y un dibujo en espiga, generando una superficie cálida y muy gráfica. La perfilería de la mampara y la grifería en negro introducen contraste, mientras que el mueble de madera mantiene la continuidad con las carpinterías recuperadas de la vivienda.
En la cocina, una paleta de tonos arena y superficies claras se combina con detalles negros y con un pavimento ajedrezado en verde y blanco, que aporta color y rompe deliberadamente con la neutralidad del mobiliario.
Más que buscar acabados discretos, el proyecto utiliza color, textura y contraste para construir una vivienda con identidad propia. La clave estaba en conseguir que materiales tan diferentes —madera antigua, cerámica, piedra, acabados contemporáneos y elementos metálicos— pudieran convivir dentro de un mismo lenguaje.
La fase final de la obra es también una de las más delicadas, porque es cuando empiezan a encontrarse todos los elementos que se han trabajado por separado durante semanas.
Con la pintura terminada y los principales acabados ya colocados, comienza el ajuste fino de la vivienda: se completan mecanismos e iluminación, se terminan ajustes carpinterías y equipamientos, se revisan encuentros entre materiales y se corrigen pequeñas imperfecciones antes de la entrega.
Son trabajos menos visibles que una demolición o una nueva distribución, pero tienen una influencia enorme en el resultado final. Un encuentro bien resuelto, una puerta correctamente ajustada o un remate limpio pueden cambiar por completo la percepción de calidad de una reforma.
La obra termina cuando todas esas pequeñas decisiones dejan de llamar la atención por separado y la vivienda empieza a percibirse como un conjunto coherente y acabado.
El cambio entre el estado inicial y la vivienda terminada es evidente, pero buena parte de la transformación más importante ocurrió en lugares que hoy ya no se ven. Durante la obra fue necesario desmontar, investigar y replantear muchas decisiones a medida que aparecían nuevos condicionantes: desde la geometría real del forjado hasta la posición correcta de las bajantes, pasando por la adaptación del baño, la renovación de instalaciones y la preparación de los nuevos pavimentos.
Ese proceso permitió intervenir con más criterio sobre la vivienda y, al mismo tiempo, decidir qué elementos merecía la pena conservar. La recuperación de la madera y el ladrillo existentes terminó teniendo un peso importante en el resultado final, aportando textura, calidez y continuidad con la historia del piso.
La nueva distribución hace que la vivienda sea ahora más abierta, funcional y luminosa, especialmente en la zona de día, donde cocina y salón pasan a funcionar como un único espacio. La reforma no buscó borrar por completo el carácter original del inmueble, sino encontrar una relación equilibrada entre lo existente y lo nuevo.
Ese equilibrio es, probablemente, lo que mejor define esta reforma integral en El Raval.
LA REFORMA EN IMÁGENES
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